A causa de la educación laica que estamos proporcionando a nuestros alumnos, a estas alturas muchos de ellos no saben qué es el Juicio Final: hoy me tocó explicarlo en clase. Aunque personalmente estoy en contra de la presencia de la enseñanza de la(s) Religión(ones) en la Educación Obligatoria, entiendo que el conocimiento del hecho religioso es imprescindible para poder comprender nuestra propia cultura. Me pregunto si llegará un momento en que a los ciudadanos europeos les resulte tan incomprensible una catedral como, lamentablemente, lo es para mí un templo budista…
La interpretación está a cargo de Gerd Nienstedt, bajo, Ryland Davies, tenor, Yvonne Minton, contralto, Helen Donath, soprano, el coro (aunque aquí no interviene) John Alldis y la Orquesta Sinfónica de la BBC bajo la dirección de Colin Davis.
Hay datos de la historia de la música que no llegan a apreciarse hasta que uno tiene “cierta edad”… o es un viejo, como dirían mis alumnos. Por ejemplo, si alguna vez informo de que algún compositor murió muy joven, siempre hay alguien que pregunta ¿con cuántos años? y digo 38 (por Mendelssohn), 35 (por Mozart), 31 (por Schubert) o 26 (por Pergolesi)… se escandalizan ostensiblemente de que eso “no es ser joven”. Y si comento la edad a la que algunos de estos genios escribieron sus primeras obras, tampoco les parece algo admirable… seguro que no jugaban a la Play tan bien como ellos, qué tontería eso de componer, vaya unos amargados.
Cuando Felix Mendelssohn-Bartholdy escribió su obra más conocida para el gran público, la música incidental para la obra de Shakespeare El sueño de una noche de verano (de la que forma parte la archiconocida Marcha Nupcial), contaba con 17 años… pero ¡qué 17 años! No había perdido el tiempo: a esa edad era una persona de una cultura más que envidiable, además de un músico maduro y con una sólida formación. Tocaba el piano, componía sinfonías y óperas, era un notable dibujante, alumno de Hegel, admirado por Goehte… ya por aquel entonces era un profundo conocedor de la obra de Bach y estaba a punto de convertirse en el responsable de la resurrección de este compositor para el gran público: tenía 20 años cuando dirigió el reestreno de La Pasión según San Mateo, momento clave del redescubrimiento del gran genio que por aquellas fechas estaba completamente olvidado.Es, desde luego, una figura capital en la cultura europea del siglo XIX… lo cual no está nada mal para un hombre que tan sólo vivió 38 años (¡a algunos nos ha cundido bastante menos!). Os dejo con una de mis obras favoritas de este increíble personaje: el primer movimiento, Allegro molto appassionato, del Concierto para violín y orquesta en mi menor Op. 64, interpretado por Yehudi Menuhin y la Orquesta Sinfónica de Londres dirigida por Rafael Frühbeck de Burgos.
Buscamos melodía en el diccionario, y encontramos estas definiciones:
(Del lat. melodĭa, y este del gr. μελῳδία).
1. f. Dulzura y suavidad de la voz o del sonido de un instrumento musical.
2. f. Mús. Composición en que se desarrolla una idea musical, simple o compuesta, con independencia de su acompañamiento, en oposición a armonía, combinación de sonidos simultáneos diferentes, pero acordes.
3. f. Mús. Cualidad del canto por la cual agrada al oído.
4. f. Mús. Parte de la música que trata del tiempo con relación al canto, y de la elección y número de sones con que han de formarse en cada género de composición los períodos musicales, ya sobre un tono dado, ya modulando para que el canto agrade al oído.
Yo suelo dar esta definición a mis alumnos: una melodía es una sucesión de sonidos de alturas diferentes que tienen como finalidad expresar una idea musical.
Decir que los sonidos son sucesivos es importante para remarcar la diferencia con la armonía, y que la finalidad es expresar una idea musical también tiene importancia porque es lo que diferencia una melodía de cualquier serie de notas interpretadas al azar. Como todas las definiciones “pedagógicas” ha de ser tomada con pinzas, porque de tanta simplificación terminan por resultar, de algún modo, falaces… y si no, vamos a observar cómo con el ingenio suficiente se puede componer una melodía memorable saltándose el punto dos de la definición: sonidos de diferente altura.Beethoven, en el 2º movimiento de su Séptima Sinfonía realiza un magistral ejercicio de composición… a la vez que fulmina mi definición de melodía. Cuatro compases y medio repitiendo la misma nota: mi, mi-mi, mi, mi, mi, mi-mi, mi, mi, mi, mi… No contento con esto, cuando llega a sol, se instala ahí: sol, sol, sol, sol-sol, sol… sol, sol-la. No parece muy prometedora una melodía así, con sólo tres notas en ocho compases. La segunda frase se mueve un poquito más, pero termina con el insistente mi, mi-mi, mi, mi, mi, fa-sol, la. Alguien puede pensar… si el ritmo es variado, esa melodía puede ganar algo… nada más lejos de las intenciones de Beethoven. El ritmo es tan absolutamente monóntono como la melodía: negra, dos corcheas, dos negras… que se repiten insistentemente durante 24 compases… permitiéndose, como única variación, sustituir una de las dos negras por un silencio en los finales de frase. Vaya material. ¿Qué puede hacer un genio con una cosa tan “aburrida”? Convertirla en una pieza emocionante. No parece tarea fácil… pero lo logra. He aquí el resultado.
Cambiando totalmente de estilo, hay una canción brasileña que también utiliza la repetición de la altura del sonido con un éxito notable, la Samba de una nota sola (Samba de uma nota só), de Antonio Carlos Jobim, creador del estilo llamado bossa nova y uno de los más importantes autores de la música popular (no sólo brasileña) del siglo XX. En realidad no es de una sola nota, sino de dos… tampoco parece muy interesante a priori, pero si añadimos una interesante armonía y el subyugante ritmo de la bossa nova, el efecto supera con mucho la variedad del material.
Eis aqui este sambinha feito numa nota só
Outras notas vão entrar mas a base é uma só
Esta outra é consequência do qua acabo de dizer
Como eu sou a consequência inevitável de você
Quanta gente existe por aí que fala tanto
E não diz nada ou quase nada
Já me utilizei de toda a escala
No final não sobrou nada não deu em nada
E voltei pra minha nota como eu volto pra você
Vou contar com a minha nota como eu gosto de você
E quem quer todas as notas ré, mi, fá, sol, lá, si, dó
Fica sempre sem nenhuma fica numa nota só
Esta es sólo una pequeña samba
Creada con una sola nota
Otras notas, seguro, han de seguirle
Pero la raíz sigue siendo esa nota…
Ahora esta nota nueva es consecuencia
De la que acabamos de pasar
Como estoy predestinado a ser
Tu inevitable consecuencia…
Hay tanta gente
Que habla y habla y habla
Y no dice nada o casi nada
Sé que he agotado toda la escala
Y al final he llegado a nada
O casi nada
Regresé entonces a mi primera nota
Como debo regresar a ti
Pondré en esa única nota
Todo el amor que siento por ti
Todo aquel que busque toda la serie
Do-re-mi-fa-so-la-si-do
No hallará serie alguna
Mejor toca una nota conocida
En un blog musical no podía faltar el adiós a una de las más bellas voces de tenor que hemos podido escuchar en la segunda mitad del siglo XX… un cantante controvertido y admirado, indudablemente intenso. Me parece preciosa la frase que ocupa su toda su web desde ayer: Pienso que una vida vivida para la música es una vida bien empleada, y es a eso a lo que he dedicado la mía.
Disfrutemos de sus abundantes grabaciones, que le mantendrán vivo para siempre. Os dejo con Pavarotti en su interpretación de Calaf en Turandot, de Puccini, y su emocionante grito de esperanza.
VOCI DISTANTE
Nessun dorma!
Nessun dorma!
CALAF
Nessun dorma!
Nessun dorma!
Tu pure, o principessa,
nella tua fredda stanza
guardi le stelle che tremano
d’amore e di speranza!
Ma il mio mistero
è chiuso in me,
il nome mio nessun saprà!
No, no, sulla tua bocca lo dirò,
quando la luce splenderà!
Ed il mio bacio scoglierà
il silenzio che ti fa mia!
VOCI DI DAME
Il nome suo nessun saprà…
E noi dovrem, ahimè,
morir! Morir!
CALAF
¡Que nadie duerma!
¡Que nadie duerma!
¡Tú también, princesa,
en tu fría estancia
miras las estrellas que tiemblan
de amor y de esperanza!
¡Mas mi misterio
se encierra en mí,
mi nombre nadie sabrá!
¡No, no, sobre tu boca lo diré,
cuando resplandezca la luz!
¡Mi beso deshará
el silencio que te hace mía!
VOCES FEMENINAS
¡Su nombre nadie sabrá…
y nosotros, ay,
debemos morir! ¡Morir!
Implacable, inexorable, el tiempo va pasando. Y así, con su monótono tic-tac, el reloj y su inseparable amigo, el calendario, me recuerdan que ha pasado un año desde que publiqué la primera entrada en este blog, que como casi todo lo que hago no ha resultado como en un principio imaginé, y ha venido a ser bien diferente de lo que creí crear… Así que mejor no pienso en lo que va a ser de él en el próximo año, porque seguro que me equivoco.
Hoy, para celebrarlo, no os voy a cansar con explicaciones ni enlaces. Os dejo sólo con el tiempo hecho música: es el Andante de la Sinfonía nº 101 en re mayor, el Reloj, de Joseph Haydn interpretado por la Orquesta Filarmónica de Berlín bajo la dirección de Herbert von Karajan.
P.D. Muchísimas gracias a los que venís por aquí para leer, escuchar y comentar. Lo mejor de este año, sin duda, habéis sido la gente estupenda que he tenido oportunidad de conocer mediante el blog… eso, hace un año, ni lo podía imaginar. ¡Un beso para todos!
Los colores y los aromas se alían para seducir al tacto y al gusto…
El sonido es un villancico de Juan del Enzina, compositor, poeta y dramaturgo español que vivió entre los siglos XV y XVI.
Aunque la versión, del grupo Pro Musica Antiqva de Madrid, es instrumental, no me resisto a poner el texto.
GASAGÉMONOS DE HUZIA
Juan del Enzina
Gasagémonos de huzia*,
qu’el pesar
viénese sin le buscar.
Gasagemos esta vida,
descruziemos** del trabajo;
quien pudiere haver gasajo
del cordojo*** se despida.
Déle, déle despedida,
qu’el pesar
viénese sin le buscar.
Busquemos los gasajados,
despidamos los enojos;
los que se dan a cordojos
muy presto son debrocados****.
Descuydemos los cuydados,
qu’el pesar
viénese sin le buscar.
De los enojos huyamos
con todos nuestros poderes;
andemos tras los plazeres,
los pesares aburramos.
Tras los plazeres corramos,
qu’el pesar
viénese sin le buscar.
Hagamos siempre por ser
alegres y gasajosos;
cuydados tristes, pensosos,
huyamos de los tener.
Busquemos siempre el plazer,
qu’el pesar
viénese sin le buscar.
* Huzia: libremente, con confianza.
** Descruziemos del trabajo: renunciemos al trabajo.
*** Cordojo: aflicción.
**** Debrocados: derribados, vencidos.
Texto y notas de Mª Josefa Canellada para la edición de la Obra Musical completa de Juan del Enzina del Ministerio de Educación y Ciencia.
El renacimiento español fue pródigo en buena música. Desgraciadamente la enorme cantidad de música que se escribió es bastante desconocida para el gran público: polifonía vocal profana y religiosa, piezas para bailar, y la incipiente música instrumental que se estaba liberando tímidamente de sus ataduras vocales, preparándose para dar el salto hacia la gran música instrumental barroca. Así, nos encontramos con un montón de compositores que vivieron más o menos en los mismos años y que producen maravillosas obras para órgano o vihuela, dotando de gran esplendor al arte del no menos esplendoroso (por aquél entonces) imperio español.
Uno de aquellos espléndidos músicos fue Luys de Narváez, que aunque se dedicó más a la polifonía vocal que a la música instrumental, por esas veleidades de la historia, es recordado sobre todo por su colección de piezas para vihuela Los seys libros del Delphin de musica para tañer vihuela. Esta obra está escrita mediante una grafía que se utilizó enormemente en la época para escribir la música de los instrumentos de cuerda pulsada: la tablatura. Es un sistema de notación relativamente sencillo de interpretar ya que consigna de forma gráfica las posiciones de las manos en el instrumento, y contribuyó en gran medida a la popularización de los instrumentos de esta familia en aquellos tiempos.No se conocen demasiados datos de la vida de Narváez, pero he encontrado esta cita de su contemporáneo Luis Zapata en el imprescindible portal de música antigua Goldberg, que nos da una idea de lo que en la época se pensaba de él:
“Fue en Valladolid, en mi mocedad, un músico de vihuela llamado Narváez, de tan extraña habilidad en la música, que sobre cuatro voces de canto de órgano en un libro echaba de repente en la vihuela otras cuatro, cosa, a los que no entendían la música, milagrosa, y a los que la entendían, milagrosísima”.
Una de las piezas de Narváez, Diferencias sobre Guárdame las vacas, es una de las audiciones de la Prueba de Acceso a la Universidad de la asignatura de Historia de la Música en Castilla-La Mancha. A mis alumnos siempre les sorprende y les divierte el título, lo que es una buena ayuda para su aprendizaje. Las Diferencias no son otra cosa que la versión española y renacentista de las Variaciones, es decir, la forma musical que mediante la modificación de una idea musical (no necesariamente compuesta por el propio autor de las variaciones: puede ser tomada de la música popular, o de otro compositor al que se suele citar) muestra la habilidad compositiva y exprime las posibilidades musicales de cualquier tema por pequeño o sencillo que sea… como el villancico tradicional Guárdame las vacas:
Guárdame las vacas,
Carillejo, y besart’he.
Bésame tú a mí
y yo te las guardaré.
que fue uno de los temas favoritos de los compositores renacentistas, que lo tomaron una y otra vez en aquellos años como idea de sus Diferencias.
Los instrumentos de cuerda pulsada alcanzaron en esta época un notabilísimo desarrollo, como lo demuestran no sólo la abundancia de las composiciones a ellos destinadas, sino también su abundante presencia en el arte de la época. El laúd en Europa, y la vihuela en España, son los más populares, pero no los únicos. Hace unos cuantos cursos hice esta presentación con imágenes de instrumentos de cuerda renacentistas y barrocos para mostrar a mis alumnos la increíble variedad y la exquisita factura que alcanzó esta familia.
Las imágenes son, en su mayoría, de los preciosos instrumentos que aparecen en la web de los luthiers Stephen Barber y Sandi Harris, y otras proceden del catálogo del Museo de instrumentos musicales de Viena.
La música está interpretada por José Fresno a la vihuela.
El texto del villancico es de la web del Grupo SEMA
Entre los restos del equipaje, un poco desorientada aún por los cambios y los (muchos) kilómetros recorridos en los últimos días, recibo la noticia del terrible terremoto de Perú. Sé que son muchos los peruanos que visitan este pequeño rincón y quiero mandarles en estos momentos tan duros toda mi solidaridad en forma de abrazo musical… y en especial para Chalo.
La música es Lacrimosa, del Réquiem en re menor KV 626 de Wolfgang Amadeus Mozart, interpretada por el coro John Alldis y la Orquesta Sinfónica de la BBC bajo la dirección de Colin Davis.
Lacrimosa dies illa,
Qua resurget ex favilla.
Judicandus homo reus:
Huic ergo parce, Deus.
Pie Jesu Domine,
Dona eis requiem. Amen.
¡Oh día lleno de lágrimas, en que el hombre resurgirá de las cenizas para ser juzgado por Ti.
Otra posibilidad con Slidecast: a menudo utilizo este tipo de presentación para que mis alumnos puedan seguir el texto al tiempo que escuchamos la música en clase, y de paso vemos un poquito de arte de la época… también se puede cantar (si se prepara antes la obra, claro).Os dejo con el motete Ave Maria de Tomás Luis de Victoria, uno de los más grandes compositores españoles, que es una de sus piezas más interpretadas aunque parece ser que está erróneamente atribuida.
Son varios los blogs (yo me enteré por el Balcón Abierto de Ángel Puente) que se han hecho eco en estos días de una utilísima novedad que aporta la herramienta Slideshare, que permite subir presentaciones a internet y publicarlas en blogs y páginas web. Uno de los inconvenientes que presentaba era que no tenía la posibilidad de incorporar sonido en las presentaciones, lo cual hacía que la mayoría de las que utilizo para clase perdieran toda su utilidad al subirlas a Slideshare. Aunque el sistema no es perfecto porque no es demasiado versátil, es un gran adelanto y os pongo aquí una muestra de las posibilidades que ofrece para el aula de música al poder sincronizar un musicograma con su correspondiente música.
El musicograma con el que he estado probando esta utilidad es el del primer movimiento de la Sinfonía nº 40 en sol menor KV 550 de Mozart, y procede del libro de texto de Música para 3º de E.S.O. de Andrea Giráldez publicado por Akal, y la presentación fue elaborada hace un par de cursos por mi admirado amigo y compañero Vicente Aranda.
Para los que no estéis familiarizados con los musicogramas, os cuento que se trata de una ayuda para la comprensión de determinados aspectos de la música que consiste en representarla mediante gráficos. En este musicograma se pueden apreciar varios aspectos: los instrumentos (que vienen simbolizados mediante dibujos), la forma (se representa mediante colores: verde para el primer tema -se trata de una forma-sonata-, rojo para el puente y amarillo para el segundo tema), la melodía (mediante líneas ascendentes y descendentes, o bloques de color, o líneas verticales para los acordes…) y se puede seguir con facilidad porque en la parte inferior está representada la línea del tiempo en la cual están señalados los compases. Las tres secciones que componen este movimiento vienen consignadas por su nombre: Exposición (que se repite), Desarrollo y Reexposición.
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