Archivos para la Categoría 'Barroco'
Merry Christmas. Fotografía original de TIO…Großer Herr, o starker König,
Liebster Heiland, o wie wenig
Achtest du der Erden Pracht!
Der die ganze Welt erhält,
Ihre Pracht und Zier erschaffen,
Muß in harten Krippen schlafen.
¡El gran Señor, el Rey omnipotente,
el querido Salvador,
desprecia las comodidades terrenales!
El que redimirá al mundo,
el que será su mas precioso tesoro,
consiente dormir en un duro pesebre.
Felices vacaciones.
Y próspero descanso.
Un paseo por el barroco musical
Aquí podéis ver cómo se desarrollaron los tres banquetes temáticos descritos y diseñados por Vatel. El primero muestra “la gloria del sol, la abundancia de la naturaleza”.
El segundo día hay un espectáculo de fuegos de artificio sobre el lago… “El sol destrona a la noche”… pero los acontecimientos se desarrollan de un modo imprevisto. La música que acompaña la escenografía fue compuesta por Händel, por encargo del rey Jorge II de Inglaterra para celebrar el fin de la guerra de sucesión a la corona austriaca en 1749.
El tercero de los banquetes será “un tributo de Neptuno a Helios, rey del sol”. Es conocida la anécdota de que Vatel se suicidó porque no llegaba el pescado a tiempo para este banquete… del cual sólo se nos enseña a los criados recogiendo los restos, mientras la voz en off de Vatel explica los motivos de su terrible decisión.
Aunque la película no es redonda, resulta muy entretenida y visualmente es enormemente atractiva. La trama se desarrolla entre los excesos de los cortesanos, los apuros de los criados, las intrigas palaciegas, las inclemencias del tiempo que a punto están de tirarlo todo por la borda y el amor imposible entre una de las cortesanas (encarnada por la bellísima Uma Thurman) y Vatel, el hombre más íntegro que imaginarse pueda “a pesar de” su baja extracción social. Lo más interesante, desde mi punto de vista, es la posibilidad de mirar, aunque sea a través de los ojos de un equipo de gente dedicada al cine, tres días de la vida de Luis XIV.
La otra película que os traigo aquí es, por su temática, de un gran interés para los amantes de la música. Es de todos sabido que el rey Luis XIV fue un monarca enormemente aficionado a la danza no sólo como espectador sino también como intérprete. En esta película se nos muestra a través de su relación con este arte y con dos de las figuras clave de la cultura de la época, Molière y Lully. Sobre el papel, una película apasionante… en la práctica, una película tediosa y aburrida, con unos personajes ridículos e incomprensibles que para nada responden a la riqueza e inteligencia de su legado. Lo único que se muestra del extraordinario personaje que debió ser Lully (músico excepcional, creador e innovador, cortesano hábil e inteligente) es que el rey tiene una fatal e injustificada fascinación por él, mientras que Lully está dominado por sus impulsos bisexuales y un ciego amor por el rey. El personaje de Molière, si bien algo mejor tratado, tampoco se corresponde con la imagen que su obra nos transmite de él. De la película sólo salvaría la puesta en escena y los números musicales, aparentemente bien documentados, como los que podéis ver aquí.
Santa Cecilia, ¿patrona de la música?
Santa Cecilia, de Rafael. Imagen de Mark Harden’s ArtchiveEn estas actas del martirio hay una frase en latín, cantatibus organis, que es la causante de que se le haya relacionado con el arte musical. Lo que no está tan claro es que la traducción esté bien hecha. Organum no sólo es un órgano (instrumento de viento con el cual se suele representar a la santa), sino también sino también cualquier instrumento musical, o de otro tipo, herramienta, incluso una máquina de guerra o un instrumento de tortura… porque en realidad no se sabe si el texto dice candentibus organis, con lo que no habría órganos ni canciones, sino instrumentos de tortura candentes… así que la traducción que se hizo de estas actas “Cecilia cantaba y se acompañaba con el órgano” asoció a esta mujer con el instrumento y con la música para siempre sin motivos bien fundados.
Haya o no una razón para conmemorar este día, como desde el siglo XVI se viene celebrando, y son millones de músicos los que este día la festejan, no seré yo quien proponga un cambio de patrona ni de día… Aquí os dejo una de las odas a Santa Cecilia que compuso Henry Purcell, Day Welcome to all the pleasures interpretada por el contratenor Michael Chance, el tenor John Mark Ainsley, el bajo Michael George y el English Concert dirigidos por Trevor Pinnock.
… y sin tratar de emular a mi buen amigo Antonio, un verdadero mago relacionando la etimología con la historia y la zoología, no puedo dejar de mencionar un curioso descubrimiento que hice el otro día sobre las “cecilias” (el mérito es de mi hijo de nueve años, lo mío sólo es ignorancia). Parece ser que hay un orden dentro de los anfibios, las cecilias, unos extraños animales que no tienen ni patas ni ojos: en realidad tienen aspecto de serpiente… mi hija está muy dolida desde que se ha enterado, porque no le hace gracia tener nombre de anfibio…
Os propongo una visita a los jardines y las fuentes de La Granja, sustituyendo el sonido del agua por el de la voz de Farinelli… desgraciadamente, no el auténtico, sino la voz artificial que “construyeron” especialmente para la película… en la que, por cierto, y si no recuerdo mal, nada se cuenta de esta importante fase de la vida del artista.
La música es el aria Son quai nave ch’agitata, de Riccardo Broschi, y procede de la Banda Sonora Original de la película Farinelli.
Os propongo una visita a los jardines y las fuentes de La Granja, sustituyendo el sonido del agua por el de la voz de Farinelli… desgraciadamente, no el auténtico, sino la voz artificial que “construyeron” especialmente para la película… en la que, por cierto, y si no recuerdo mal, nada se cuenta de esta importante fase de la vida del artista.
La música es el aria Son quai nave ch’agitata, de Riccardo Broschi, y procede de la Banda Sonora Original de la película Farinelli.
Os propongo una visita a los jardines y las fuentes de La Granja, sustituyendo el sonido del agua por el de la voz de Farinelli… desgraciadamente, no el auténtico, sino la voz artificial que “construyeron” especialmente para la película… en la que, por cierto, y si no recuerdo mal, nada se cuenta de esta importante fase de la vida del artista.
La música es el aria Son quai nave ch’agitata, de Riccardo Broschi, y procede de la Banda Sonora Original de la película Farinelli.
Street musician money. Fotografía de SapphicNickel
Hoy me han asaltado dos historias que bien pueden considerarse las caras opuestas de la misma moneda. Me cuenta mi compañero-y-a-pesar-de-todo-amigo Tomás que tuvo la ocasión de deleitarse en su lugar de vacaciones con una cantante que interpretaba de forma exquisita en la calle acompañándose únicamente de un acordeón que ella misma tocaba. Y no podía menos que preguntarse cómo una mujer con esas dotes no era contratada de inmediato por cualquier casa discográfica en lugar de los terribles cantantes que nos atacan desde cualquier emisora de radio o televisión, que tienen los estantes de sus mansiones llenos de premios internacionales y de discos de platino (a pesar de las enormes caidas de las ventas causadas por la piratería, pero ese es otro tema)… y carentes en su mayor parte no sólo de una formación vocal mínima, sino también del más leve atisbo de gusto musical… y que además no son capaces de cantar en directo si no es acompañados de toda esa parafernalia tecnológica que les proporciona los decibelios y las aptitudes de las que por naturaleza carecen.
Y cuando abro el correo, de la mano de mi hermano y-a-pesar-de-todo-amigo Luis, me encuentro con la increíble pero cierta historia que publicaba hoy El País: Impasibles ante un Stradivarius, y que os cuento resumidamente. El diario The Washington Post tuvo a bien realizar este curioso experimento: colocaron a un famosísimo violinista, Joshua Bell, que, como afirma el periódico, había colgado el cartel de “no hay entradas (de a 100 euros)” a principios de año en el Boston Symphony Hall, vestido sencillamente con vaqueros, camiseta y gorra, armado de un violín Stradivarius de 1713, en una de las más concurridas estaciones del metro de Washington en hora punta y tocando la Chacona de la Partita para violín solo de Bach. No sé si porque la música no es demasiado pegadiza, o porque a las horas punta cada uno tiende a mirar el ombligo de sus propias preocupaciones y no se entera de nada de lo que pasa a su alrededor, o quizá porque no pasaba ningún Tomás por allí, o vaya usted a saber por qué… el caso es que durante los 47 minutos que permaneció tocando, de las más de mil personas que pasaron, siete se pararon más de un minuto, tan sólo recaudó 32 dólares y únicamente fue reconocido por una aficionada que no podía dar crédito a lo que veía y oía…
Estas dos historias tan distintas y tan iguales han contribuido a que hoy, más que otros días, me pare a pensar en la enorme dificultad de mi labor docente. Sé que casi todos mis alumnos no sólo no se hubieran parado a escuchar al bueno de Joshua, con su Bach y su Stradivarius, sino que incluso habrían acelerado el paso; pero ellos son adolescentes, con una muy escasa formación (no sólo musical y artística) y un gusto musical que salvo honrosas excepciones está fundamentado en los 40 principales; pero eso no es lo peor. Estoy segura de que ni siquiera muchos universitarios se habrían acercado, ni muchísimo menos todos esos políticos que se hacen ver en los sitios de honor reservados para autoridades en los conciertos de los mejores músicos. Esos responsables de nuestra educación ¿serían capaces de distinguir lo mejor de lo mejor… si se camufla bajo el disfraz del músico callejero?… La música, el arte, la cultura, toda esa riqueza que nos convierte en humanos terminará por desaparecer, porque seguirá en manos de quienes la utilizan sólo como algo accesorio y elitista, un adorno vacío para realzar su gloria y su poder.Actualización: en el blog Aula de Música he encontrado el enlace a la página del Washington Post en la que se pueden ver los vídeos que grabaron los periodistas. No tengo palabras para explicar la desolación que me han producido, aunque esté acostumbrada a comprobar la indiferencia que la belleza de la música produce en la mayoría de la gente.
Chacona de la Partita para violín solo nº 2 de Johann Sebastian Bach, interpretada por Jascha Heifetz.
SÍ A LA MÚSICA
Hoy me han asaltado dos historias que bien pueden considerarse las caras opuestas de la misma moneda. Me cuenta mi compañero-y-a-pesar-de-todo-amigo Tomás que tuvo la ocasión de deleitarse en su lugar de vacaciones con una cantante que interpretaba de forma exquisita en la calle acompañándose únicamente de un acordeón que ella misma tocaba. Y no podía menos que preguntarse cómo una mujer con esas dotes no era contratada de inmediato por cualquier casa discográfica en lugar de los terribles cantantes que nos atacan desde cualquier emisora de radio o televisión, que tienen los estantes de sus mansiones llenos de premios internacionales y de discos de platino (a pesar de las enormes caidas de las ventas causadas por la piratería, pero ese es otro tema)… y carentes en su mayor parte no sólo de una formación vocal mínima, sino también del más leve atisbo de gusto musical… y que además no son capaces de cantar en directo si no es acompañados de toda esa parafernalia tecnológica que les proporciona los decibelios y las aptitudes de las que por naturaleza carecen.
Y cuando abro el correo, de la mano de mi hermano y-a-pesar-de-todo-amigo Luis, me encuentro con la increíble pero cierta historia que publicaba hoy El País: Impasibles ante un Stradivarius, y que os cuento resumidamente. El diario The Washington Post tuvo a bien realizar este curioso experimento: colocaron a un famosísimo violinista, Joshua Bell, que, como afirma el periódico, había colgado el cartel de “no hay entradas (de a 100 euros)” a principios de año en el Boston Symphony Hall, vestido sencillamente con vaqueros, camiseta y gorra, armado de un violín Stradivarius de 1713, en una de las más concurridas estaciones del metro de Washington en hora punta y tocando la Chacona de la Partita para violín solo de Bach. No sé si porque la música no es demasiado pegadiza, o porque a las horas punta cada uno tiende a mirar el ombligo de sus propias preocupaciones y no se entera de nada de lo que pasa a su alrededor, o quizá porque no pasaba ningún Tomás por allí, o vaya usted a saber por qué… el caso es que durante los 47 minutos que permaneció tocando, de las más de mil personas que pasaron, siete se pararon más de un minuto, tan sólo recaudó 32 dólares y únicamente fue reconocido por una aficionada que no podía dar crédito a lo que veía y oía…
Actualización: en el blog Aula de Música he encontrado el enlace a la página del Washington Post en la que se pueden ver los vídeos que grabaron los periodistas. No tengo palabras para explicar la desolación que me han producido, aunque esté acostumbrada a comprobar la indiferencia que la belleza de la música produce en la mayoría de la gente.
Chacona de la Partita para violín solo nº 2 de Johann Sebastian Bach, interpretada por Jascha Heifetz.
Rogier van der Weyden. Descendimiento
ERSTER TEIL
Salbung in Bethanien
(Matthäus 26, 1-13)
NR. 1. CHOR, CHORAL
Chor
Kommt, ihr Töchter, helft mir klagen,
Sehet! Wen? Den Bräutigam.
Seht ihn! Wie? Als wie ein Lamm.
Sehet! Was? Seht die Geduld.
Seht! Wohin? Auf unsre Schuld.
Sehet ihn aus Leb und Huld
Holz zum Kreuze selber tragen.
Choral (Knabenchor)
O Lamm Gottes unschuldig
Am Stamm
des Kreuzes geschlachtet,
Allzeit erfund’n geduldig,
Wiewohl du warest verachtet.
All’ Sünd’ hast du getragen,
Sonst müßten wir verzagen.
Erbarm’ dich unser, o Jesu.
PRIMERA PARTE
Jesús ungido en Betania
(San Mateo 26, 1-13)
NUM. 1 CORO, CORAL
Coro
Venid, hijas, auxiliadme en el llanto,
¡Ved! ¿A quién? Al Amado.
¡Vedle! ¿Cómo? Como un cordero.
¡Mirad! ¿Qué? Ved su paciencia.
¡Mirad! ¿Dónde? Nuestros pecados.
Miradle. Por amor y clemencia
ÉL mismo va cargado con su cruz.
Coral (Voces infantiles)
¡Oh, inocente Cordero de Dios!,
sacrificado en el tronco de la cruz,
siempre sereno,
pese a ser despreciado.
Has soportado
todos nuestros pecados.
Sin Ti habríamos desesperado.
¡Compadécete de nosotros, Jesús!
Johann Sebastian Bach. Pasión según San Mateo BWV 244. Estrenada el 11 de abril de 1727 y olvidada tras la muerte del compositor, fue rescatada del olvido gracias a Felix Mendelssohn.
SÍ A LA MÚSICA
El texto y la traducción son de Kareol.
La imagen procede de la Web Gallery of Art.

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